El Fair Play no empieza en el campo.
La FIFA pide a los jugadores que respeten las reglas. Pide independencia a los árbitros. Pide a los aficionados que crean en el Fair Play.
Pero una organización no puede exigir de forma creíble a los demás unos valores que no son igual de visibles en su propia forma de gobernarse.
Ahí es donde empieza a mirar DYRÍGO. No comenzamos por una decisión aislada. Tampoco por la persona que la tomó. Observamos el sistema que hay detrás: cómo se reparte el poder, cómo se organiza la responsabilidad, cómo pueden cuestionarse las decisiones y si la propia estructura merece confianza.